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Vigorexia

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La vigorexia es un trastorno psicológico no alimentario, que presenta una preocupación obsesiva por la perfección corporal que suele darse de forma más frecuente en hombres de entre 18 a 35 años, y que suele acompañarse de una dismorfia corporal, donde se percibe la masa muscular siempre como insufiente.

Este trastorno lo padecen entre el 65 y el 70% de entusiastas del gimnasio con un cierto volumen que entrenan hace más de 5 años, y entre 85 y el 90% de culturistas que habitualmente consumen esteroides y entrenan hace más de 10 años, por lo que supone un problema frecuente de salud deportiva.

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Los gimnasios son perfectamente conscientes de la prevalencia de este trastorno psicológico entre sus clientes habituales, y suelen alimentarlo con una saturación de espejos en las paredes.

La vigorexia se comporta de forma contraria a la anorexia por lo que también recibe el nombre de anorexia inversa, además de dismorfia muscular. Puede darse también en mujeres, pero su prevalencia en mínima, siempre inferior al 0,1%, por lo que puede considerarse como un trastorno masculino.

Síntomas de la vigorexia

La relación entre culturismo y vigorexia: ¿cuerpo perfecto o salud? | Tanto X Ciento

Este trastorno es muy poco prevalente entre hombres que no son entusiastas del gimnasio, boxeo, artes marciales, y en general deportes que precisan de una cierta hipertrofia muscular.

La vigorexia es un trastorno aprendido mediante una exposición repetitiva, es decir, los principiantes de cualquier deporte que precipita el desarrollo de cierta masa muscular, raramente son vigoréxicos en sentido estricto, pero pronto comienzan a presentar una admiración pronunciada hacia el volumen muscular, que intentan adquirir para si mismos.

En esta exposición repetitiva de imitación, su conducta se moldea lentamente, y entre la respuesta comportamental imitativa se encuentra la conducta vigoréxica.

Generalmente esta conducta imitativa vigoréxica suele coincidir con el logro de los primeros objetivos importantes de volumen muscular, que naturalmente les parecen insuficientes. Usualmente esto comienza a darse de forma visible a partir del tercer año de entrenamiento continuado.

Tendencia hacia la obsesión compulsiva

Las personas que padecen un trastorno obsesivo compulsivo o T.O.C. fuera del ámbito deportivo son mucho más propensas a la vigorexia. En general el 98% de personas que padecen T.O.C. y practican un deporte que precisa de hipertrofia muscular son vigoréxicos. Sin embargo, el número de vigoréxicos que padecen T.O.C. fuera del gimnasio es bastante pequeño, lo que corrobora la hipótesis de que la vigorexia es un trastorno aprendido por exposición.

Bullying y acoso

Aquellas personas que han sufrido acoso escolar o bullying durante la infancia tienen más tendencia a padecer vigorexia.

Mirarse mucho en el espejo

Mirarse con mucha frecuencia en el espejo, percibiendo que no consigue alcanzar el volumen de masa muscular que pretende.

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Cpmpararse con otros culturistas

La frecuente observación en el espejo suele ir acompañada de una comparación continuada con otras personas que están entrenando y que poseen una cierta hipertrofia muscular.

En esta comparativa, el vigoréxico siempre pierde en su auto-observación, percibiendo que aún le queda un largo camino para igualarse a otras personas que utiliza como referentes, mientras entra en una rumiación que le conduce a entrenar de forma más intensa, ingerir más cantidad de suplementos, y cómo conseguir esteroides que le ayuden.

Obsesión con el peso

El vigoréxico suele pesarse con mucha frecuencia, a pesar de que como culturista sabe que el metabolismo es lento y no pueden existir grandes variaciones de un día a otro. Aún así, es común que se pese incluso varias veces al día, aunque no todos los vigoréxicos lo hacen.

La baja auto-estima actúa como reforzador de la vigorexia

Cuando la auto-percepción y evaluación hacia uno mismo resulta negativa, y consecuentemente se genera una no aceptación del yo, con percepción cognitiva de que no vale o que no vale lo suficiente, la persona puede focalizar todo su esfuerzo en su aspecto físico para obtener la recompensa de aceptación y admiración de los demás.

Conducta obsesiva en el entrenamiento

Cuando el vigoréxico no realiza ejercicio físico entra en una percepción de inapropiación mediante la cual experimenta una sensación de agotamiento, debilidad o malestar.

El vigoréxico suele entrenar mediante rituales de carácter repetitivo que se caracterizan por entrenar siempre a la misma hora, preferentemente en el mismo espacio, utilizando los mismos ejercicios y soportando un determinado peso. Cuando realiza este ritual tiene percepción del deber cumplido y de apropiación con sensación de bienestar.

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Esta sensación de bienestar se logra gracias a las endorfinas, que constituyen un grupo de hormonas producidas por el organismo, con propiedades similares a la morfina, como un mecanismo de defensa. Principalmente actúan como analgésicos endógenos que se segregan mediante la estimulación de un estímulo psicológico que las precipitan.

Cuando el vigoréxico comienza a entrenar rutinariamente de forma extenuante, el organismo comienza a producir endorfinas para aliviar los síntomas de agotamiento, lo que le permite continuar con el esfuerzo durante más tiempo.

Las endorfinas refuerzan psicológicamente la percepción del deber cumplido, por lo que el vigoréxico se hace adicto a este tipo de entrenamiento, o si prefiere, a las endorfinas con rapidez. Este es uno de los dopajes naturales o endógenos más conocidos y estudiados, y se encuentra presente en todas las actividades deportivas que requieran de esfuerzo físico.

El vigoréxico siempre es el ultimo en darse cuenta de que es un adicto, y el primero en negarlo cuando se confronta con pruebas evidentes y convincentes. La distorsión cognitiva más frecuente del vigoréxico es que tiene el entrenamiento bajo control, y que no sólo actúa de forma apropiada, sino que es absolutamente necesario para lograr sus objetivos.

Tratamientos para la vigorexia

La vigorexia no tiene un tratamiento específico, sino que necesita terapia para el trastorno obsesivo compulsivo o T.O.C. en el cual se sustenta, es decir, el tratamiento es en realidad una terapia psicológica que se enfoca en modificar la conducta y la percepción que se tiene sobre el cuerpo, así como la asociación que se ha establecido entre el volumen muscular y el bienestar. Usualmente en la terapia se persigue disminuir la ansiedad acumulada por realizar una práctica deportiva de gran intensidad, hasta lograr compatibilizar una práctica deportiva más moderada con otras actividades menos nocivas.

En algunos casos es necesario recurrir a los fármacos, específicamente a los inhibidores de la recaptación de serotonina para controlar los síntomas obsesivo-compulsivos y los inhibidores no selectivos para reducir los síntomas dismórficos corporales, pero son casos muy extremos en los que se ha detectado abuso de esteroides con repercusión biológica detectada.

La mayoría de los casos se resuelve mediante terapia psicológica cognitivo conductual con resultado de extinción en un porcentaje muy elevado, y sólo muy raramente se recurre a la farmacología.

Aceptación social de la vigorexia

Por esto DEJÉ LAS PESAS | Vigorexia

Uno de los graves problemas que se encuentra la terapia psicológica contra la vigorexia, es que el culturista recibe una importante recompensa social con su imagen, excepto que se trate de un caso extremo de consumo frecuente de esteroides con una evidente desproporción en cuanto al volumen muscular.

De no ser así, un culturista masculino con un aceptable volumen y una correcta definición, recibe una aprobación social por encima de la media.

Los entusiastas del gimnasio gozan de toda la admiración por parte de los adolescentes, y en general obtiene un número de relaciones sexuales significativamente mayor, independientemente de cual sea su orientación sexual.

En el caso de que el entusiasta del gimnasio comience con un trastrono vigoréxico, esta recompensa social dificulta mucho la recuperación. Esta aceptación social tiene causas genéticas, es decir, el cerebro reconoce el tono y volumen muscular como un signo de ventaja en la trasmisión de los genes, y una supremacía en la competitividad con otros machos, lo que favorece en la protección de su descendencia.

Indudablemente este es un gen recesivo sin ninguna utilidad hoy en día (como tantos otros), ya que el cerebro asocia el volumen y la definición a causas naturales de salud, y no contempla las opciones modernas de esteroides y adicción a las endorfinas, ya que esta es una evolución que no se ha producido, al ser un fenómeno actual, y tardará muchas generaciones en producirse, no obstante sigue condicionando la conducta.

Es cierto que los procesos educativos y/o sociales también condicionan la conducta al margen de la genética mediante el aprendizaje significativo, pero en este aprendizaje no encontrará conceptos muy diferentes de los que porta la genética, es decir, las personas a lo largo de su aprendizaje psico-social, tampoco aprenden ningún concepto que señale el tono y la definición muscular como algo negativo o despreciable a priori.

Si sumamos la información genética al aprendizaje psico-social, y tenemos en cuenta que se ve constantemente reforzado por elementos como el marketing, donde el hombre fitness o musculado, es el modelo utilizado para promocionar cualquier tipo de producto con una frecuencia reiterada, obtenemos que las personas cuando llegan a la edad adulta reconocen esta imagen como positiva, vulgo atractiva, con una respuesta social de premio.

Por tanto, y como parece obvio, moldear una conducta trastornada mediante una terapia psicológica, cuando está siendo recompensada social y sexualmente, es una tarea muy difícil para el psicólogo, al que tampoco se pide ayuda de no ser que la vigorexia haya producido alguna lesión física o enfermedad seria.

Preguntas frecuentes sobre la vigorexia

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Referencias

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